Cuando no escribir se convierte en un problema: Perú (Parte I)

Advertencia 2: El escritor de este blog, se autodefine como un “disperso”. No se sorprenda si en medio de una historia, irrumpe violentamente un recuerdo espontáneo de alguna situación curiosa de otro viaje o alguna frase que no pega, ni guarda relación con la historia relatada.

Una de las cosas de las que me arrepiento durante las últimas semanas es No haber escrito todas mis historias de viaje. En la entrada anterior me comprometí a seguir con la historia del viaje por el sur de Perú, debo confesar que solo quedan destellos de ese viaje. Así que seguiré adelante antes de que me olvide de cómo viví los otros destinos que conocí (Agrego también mi primera vez en Brasil, de la región de Río de Janeiro, sólo recuerdo una rata gigante, casi de un metro, que vi en Búzios ¿Dije que era enorme?). En fin, sigo adelante.

Luego de pasar la noche de año nuevo en la ciudad de Valparaíso, amada internacionalmente por su abundante olor a urea, arquitectura maquillada por el paso de los años y descuido gubernamental, además de las pintorescas pseudo-favelas pintadas de colores que decoran los cerros. Volvía a la casa de mis padres, era Enero del 2011 y como siempre, faltaban ideas y recursos para generar panoramas. Pero sobraba resaca y olor a pisco brotando a través de mis poros. Días antes mi padre me ofreció trabajar haciendo el reemplazo del estafeta de la empresa en la cual trabaja, a lo cual ante mi falta de panoramas e ideas, accedí.

Luego de tres semanas de trabajo arduo bajo el sol Santiaguino, recibí mi esperada remuneración. Sin una idea concebida aún, respecto a qué haría con “Tanto” dinero, recordé a un antiguo profesor de la escuela que me dijo “Las zapatillas se gastan, la ropa se rompe, los viajes quedan” (Bueno, también me dijo que la primera nave espacial tenía la misma capacidad de memoria que una lavadora y le sugerí la en idea de ir a la Luna montando el lavarropas de mi casa, ante lo cual me dijo que tenía mucho sentido. Un compañero de clase llegó contando que lo intentó).

Volviendo a mi búsqueda de panoramas, no fue difícil retomar mi sueño de conocer Machu Picchu y publiqué en Facebook mi idea, a ver si alguien se unía, de cualquier manera pensaba en ir solo (En realidad, un ápice de esa intención, dudo de que lo hubiese intentado). Fue así como una noche, un chico con el que hablaba principalmente después de algunas “piscolas” en la plaza, me dijo que también quería ir.

Con la idea aventurera de viajar haciendo “dedo” para llegar hasta Arica desde Santiago, nos armamos de valor y tomamos un bus hasta La Serena, con la idea de alejarnos un poco de la ciudad y bajarnos ahí para continuar buscando un aventón en nuestra travesía. Como podrá imaginar usted, terminamos viajando en bus hasta Arica. Fue en ese momento que descubrí el primer problema de viajar acompañado: No disponer de los mismos tiempos, es sinónimo de no disponer de las mismas ideas. Por otro lado, noté como el dinero se esfumó fácilmente, otra lección: Es importante armar un plan de distribución de recursos para cualquier viaje, y que obviamente, el plan debe estar en la misma sintonía que la manera de viajar que pretendes utilizar. Hoy en día con las nuevas herramientas digitales, se hace sencillo armar una planilla de Excel con un programa claro y ordenado.

¡Ya empezaré a generar un par de manuales o apoyos para que armen también sus viajes!

Tras descender del bus en Arica, noté en la cara de Diego una intención de matarme ya que no pude controlar mi ansiedad durante 36 horas. Buscamos algo para pasar la noche, así que como brillante idea seguimos al primer personaje caza-turistas a las afueras del terminal, que nos llevó entre unas calles oscuras y de dudosa reputación hasta una casucha en la cual pasamos la noche por algo así como 10 dólares. La verdad es que por un momento pensé que no llegaríamos a dormir y que en ese lugar terminaría nuestra travesía. Otra recomendación: Evitar llegar de noche a ciudades como Arica y seguir al primer personaje que te ofrece alojamiento. Una vez en la habitación, tuvimos que trabar la puerta de acceso con la mesita de noche, y sólo en ese momento dormir un poco.

Temprano a la mañana del día siguiente, nos dirigimos al Terrapuerto de Arica donde tras pagar algo así como 5 dólares, tomamos un vehículo que nos llevó hasta Tacna. Era un día soleado, el desierto imponente a nuestro alrededor traía en su aire aroma a un lindo viaje. Cómo en cada viaje, me sentía emocionado, como cuando tenía 5 años y comí ketchup por primera vez, jamás lo olvidaré.

Tuve la genial idea antes de cruzar el control fronterizo, de contestar el último llamado de mi hermano Patricio, quien años atrás realizó su servicio militar en el norte Chileno, y me aconsejaba sobre que hacer y no hacer. En tono de broma le digo “Tranquilo, tengo toda la marihuana escondida”. La gente se volteó a mirar de forma horrible y Diego me quería matar, al otro lado del teléfono Patricio me puteaba. Recomendación: No hacer bromas respecto a tráfico de drogas en las aduanas. Al menos, no pasó a mayores.

ChacallutaPaso Internacional Chacalluta, XV Región de Tarapacá, Chile.

Tras bajar en el terrapuerto de Tacna, lo primero que escucho es a un vendedor ambulante decir “Cogollitos, Aciditos, Honguitoooooos”, le hubiese comprado de todo, pero era mi primera vez en otro país y no quería cagarla de entrada. Así que luego de comer algo en el Mercado de Tacna, y recibir alguna especie de maldición de una anciana Incaica luego de que Diego le dio 10 céntimos de Sol Peruano, tomamos un bus y seguimos hasta Arequipa.

Luego de 5 horas de viaje, recogimos nuestras mochilas. En eso un chico, sacó unos cigarrillos, le pedí uno y amablemente accedió a regalarme uno (También me prestó cerillos). Nos pusimos a conversar, Emilio viajaba con Paolo, pasarían unos días en Arequipa y luego irían a Cuzco, al igual que Diego y yo, argumentando que todos éramos Chilenos, les ofrecimos unir fuerzas en el viaje, increíblemente accedieron.

Arequipa 1
Plaza de Armas de Arequipa, Perú.

Llegamos a la Plaza de Armas de Arequipa, para luego dirigirnos a un Hostel ambientado en una casa colonial. Era precioso. Nos arrimaron en una habitación a los cuatro, Emilio iba a salir con una chica que amablemente nos llevó a recorrer la ciudad, nos contó eso mientras planchaba su ropa sobre la cama. Sí, llevó una plancha al viaje. Belén, amablemente nos acompañó a todas partes, desde ir a bailar, hasta caminar por el monasterio de Santa Catalina, las calles de Arequipa y también a ver el Sudamericano Sub-20 que se jugaba en el estadio de la UNSA (Universidad Nacional de San Agustín). Recuerdo que por 1 dólar, podíamos acceder a ver 3 encuentros bajo una lluvia torrencial, uno de ellos era el de Chile-Ecuador. Chile perdió 1-0, no vi el gol, estaba mirando hacia otro lado, concentrado en el vuelo de una mosca, creo que fue un gol increíble el que nos vacunó el seleccionado Ecuatoriano. Nunca lo vi, ni por Youtube. Debo agradecer a Belén, nos ahorró un montón de malos ratos y hasta el día de hoy mantenemos contacto, aún espero su visita a Santiago.

Arequipa 2De derecha a izquierda: Emilio, Diego, Paolo y yo.
La banda luego del encuentro entre Chile (0) y Ecuador (1), Estadio de la UNSA.

En la vida vi calles tan limpias, la verdad es que estos chicos se preocupaban mucho de la limpieza de sus espacios públicos, más aún, de cuidarlos. La República independiente de Arequipa, posee una escena de arquitectura colonial con un volcán de fondo (Creo que es el Misti) que te acompañará en todas las postales que quieras registrar, con un encanto único y una vida nocturna .

Fue aquí donde descubrimos la “ISIC” credencial que nos haría ahorrar una buena cantidad de dinero a la llegada al Cusco, en ese momento nos costó algo así como 20 dólares. Recomiendación: Averiguar en su ciudad de origen donde puede obtenerla, puede conseguir desde descuentos en entradas a monumentos naturales, hasta descuentos en alojamiento y  comida.

Luego de días lluviosos pero hermosos en la República independiente de Arequipa, nos fuimos al Cuzco, tomamos un Bus en el terrapuerto de Arequipa, y tras 8 o 9 horas de viaje, podía decir que el sueño estaba cerca (Los relatos cortos producto de los escasos recuerdos).

En la siguiente entrada comenzaremos con la llegada al Cuzco y el tono rojizo de sus edificaciones algo simplemente único.  Tip: “Machu picchu acompañará y cuidará a todo aquel que la visite una vez en su vida”. ¡Chan!

¡Cariños y ánimo!

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