Soñar es gratis

Advertencia: Esta es la primera publicación que realizo, probablemente encontrarán errores (Normal dentro lo novato que soy en esto) y también algo de mi vida personal. Algo obvio pensando en que las motivaciones de mis viajes y aventuras, nacen de desafíos personales por probarme, por vencer miedos, por querer sentirme seguro de mi mismo ¡Bienvenido, y gracias por leerme!

Hace unos días leía por ahí:

“¿Cómo vivo el día a día en el trabajo? ¿Realmente me apasiona lo que estoy haciendo y es algo que me gustaría hacer el resto de mi vida? El adjetivo que mejor define mi situación es “cómodo”. Tengo unas condiciones laborales inmejorables, estaba muy contento con mi jefe y mis compañeros, y ha llegado al punto en el que sé hacer lo suficientemente bien mis tareas diarias como para terminarlas en menos de 8 horas sin tener que esforzarme mucho. El problema es que falta pasión. ¿Ha habido algún momento de tu vida en el que estabas tan emocionado por un proyecto que toda tu vida giraba a su alrededor? Estoy hablando de ese proyecto que te gusta tanto que te levantabas pensando en él, te acuestas pensando en él y cuando estás trabajando en él, el tiempo se va volando. Ese proyecto que te hacía aguantar las ganas de ir al baño durante horas porque no eras capaz de despegarte de él. Ese proyecto en el que te pone a trabajar y de pronto te dabas cuenta de que llevas 6 horas sin comer y te estás muriendo de hambre. Ése proyecto en el que involucras tan profundamente que parece que entras en una especie de burbuja en la que todo lo demás no tenía importancia ¿Sabes a qué me refiero? Pues justo eso es lo que echo de menos.”

Así me siento desde hace unos días, es un dilema existencial, lo sé…

Hay un fuego quemando mi alma con mucha pasión, resonando a diario… Y un pasaporte poco sellado…

Días antes, una hermosa persona me decía: “La vida se puede hacer en cualquier pedazo de tierra, porque eso son los países, pedazos de tierra” . Quedé pensando en la libertad adquirida que implica irse y hacer la vida en cualquier pedazo de tierra.

Llegaron preguntas como: ¿De qué sirve el EGO del buen trabajo? ¿De qué sirve la comodidad? ¿De qué sirve vivir en la zona de comfort? ¿Podemos dejarlo todo para irnos dispuestos a limpiar baños, recoger fruta o vender cosas? Cuando entiendes que las necesidades fundamentales y básicas son la familia en primer lugar, algo para comer y un techo que nos cobije para dormir… ¿Qué más necesitas si cualquier cosa adicional que la vida te da es un regalo?

No recuerdo exactamente que edad tenía cuando Papá nos regaló un globo terráqueo. De inmediato comencé ver qué existían lugares dispuestos de manera aleatoria  sobre la esfera. Todo parecía tan cercano, que quería hacerme pequeño y recorrerlo por completo. Podía pasar horas mirando las fronteras de todos esos países desconocidos. Pensaba en ese entonces que viajar tan lejos era algo imposible.

A medida que pasaban los años y nadaba entre esas fronteras dibujadas, empecé a soñar con recorrer lugares como París, Pisa, Berlín, Atenas, Jerusalén, Tokyo, Río de Janeiro y Machu Picchu. Éste último, el lugar que me propuse conocer ya que estaba cerca y se veía alcanzable dentro de lo inalcanzable.

Lo que no sabía y hoy “creo” saber, es que la vida nos depara cosas hermosas, que no las entrega cuando nosotros las queremos y la ansiedad por alcanzarlas no nos deja dormir. Si no cuando ella considera que estamos preparados. Y como bien escribí en el párrafo anterior, una vez alcanzada mi mayoría de edad decidí cumplir mi primer sueño de viaje. Viaje dónde comenzaría todo…

Continuará…

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